Costa Rica demostró con el impuesto a los combustibles del gran rédito que puede tener tasar a quien contamina e invertir en la restauración. El programa de pago por servicios ambientales ha sido un rotundo éxito y la recuperación de la cobertura boscosa del país es ejemplo en el mundo. Ese principio puede replicarse en otras áreas a nivel fiscal imponiendo tasas a materiales o energías que contaminen y reduciendo tasas a formas de producir más limpias. Si bien se han otorgado exoneraciones temporales a los vehículos eléctricos estas están prontas a vencer. A la hora de repensar esos beneficios también se debería pensar en formas de grabar vehículos de alto consumo de hidrocarburos de forma más severa para desincentivar su adquisición.